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Hoy, día 28 de diciembre de 2004, se cumplen 106 años de la primera
comunicación pública del descubrimiento de los rayos X por Wilhelm
Röntgen. Es de interés, por ello, recordar las circunstancias en que
este descubrimiento se produjo, y la enorme transcendencia que tuvo en la física,
en la ciencia en general, y en la medicina.
Wilhelm
Conrad Röntgen, (1845-1923), era Profesor de Física en la Universidad
de Würzburg. Se había licenciado en Zurich, y posteriormente realizó
su Tesis Doctoral sobre el tema "Estudio sobre los gases", tema sobre
el que continuó investigando en Wurzburg.
Röntgen utilizaba un tubo de Lenard (tubo especial de vacío que
se encontraba en los principales laboratorios), con el que se conseguía
la salida de los electrones procedentes del cátodo a través de una
ventana de aluminio, pudiendo estudiar su efecto de fluorescencia, que alcanzaba
pocos centímetros. Para detectar esta fluorescencia disponía de
unas láminas recubiertas por platinocianuro de bario. Como el tubo de Lenard
producía algo de luz durante su funcionamiento, lo que entorpecía
la observación de la débil fluorescencia, Röntgen lo recubrió
totalmente con una caja de cartón negra para, en completa oscuridad, poder
observar los menores indicios de luminosidad en las placas.
Sin embargo, conectado el equipo, Röntgen se sorprendió al observar
la aparición de fluorescencia en las placas que aún tenía
en la mesa cercana, es decir, a una distancia superior al alcance comprobado de
los electrones emitidos por el tubo. Por ello dedujo que, en su funcionamiento,
junto a la emisión de electrones, el tubo de Lenard debía emitir
otro tipo de radiación, que alcanzaba una distancia superior a los electrones,
y que también producía fluorescencia. Desconocedor de la naturaleza
de esta radiación, la denominó radiación
X o rayos X.
AI estudiar sus propiedades, Röntgen comprobó que no se detectaba
que tuviera masa ni carga eléctrica, que producía fluorescencia
sobre determinadas sustancias, y que impresionaba las placas fotográficas.
Cuando colocó entre el haz de la radiación y la pantalla fluorescente
una caja de cigarros que contenía una llave, observó la imagen de
la misma en la pantalla. Pudo ver que los naipes y los libros eran atravesados
por las radiaciones; solo los volúmenes muy gruesos presentaban una débil
silueta.
Röntgen continuó comprobando el comportamiento de diversos objetos
frente a la radiación. La caja de pesas del laboratorio mostraba las pesas,
pero no la madera que constituía en soporte.. Estudió el comportamiento
de diversos metales frente a la radiación, y vio que ésta atravesaba
fácilmente láminas de algunos de ellos, como el aluminio, pero no
de otros, como el plomo.
Al experimentar con los diversos objetos frente a la pantalla, observó
su propia mano, visualizando claramente el esqueleto, y débilmente las
partes blandas. Dejó recuerdo del asombro que le produjo esta primera visión:
"si se interpone la mano entre el tubo de descarga y la pantalla, se ve la
sombra oscura de los huesos de la mano"
Röntgen comprobó la capacidad de los rayos X para impresionar placas
fotográficas, obteniendo las primeras radiografías: la caja de pesas
de su laboratorio y la culata de su escopeta de caza, entre otras. Durante el
mes de diciembre de 1895 perfeccionó la técnica, y el día
22 realizó la primera radiografía humana, la mano de su mujer, con
un tiempo de exposición de 20 minutos. En ella se distingue claramente
el esqueleto óseo, con el anillo en el dedo anular, sobre el fondo tenue
constituido por las partes blandas.
Röntgen resumió su descubrimiento y experiencias en un informe
que presentó el 28 de diciembre en
la Sociedad de Física y Medicina de Wurzburg, titulado Uber
eine neue Art von Strahlen, (Sobre un nuevo tipo de radiación),
y que se publicó inmediatamente. Con la rapidez que proporcionaban las
comunicaciones, todo el mundo científico conoció el descubrimiento
y, lo que es más, lo pudo repetir, ya que el instrumental requerido, fundamentalmente
el tubo de Lenard, se encontraba, como hemos dicho, en los principales laboratorios
de física.
Muy
pronto aparecieron las primeras reacciones al informe de Röntgen. El 1 de
enero de 1.986, a los cuatro días de la comunicación de Würzburg,
un periódico de Praga publicó la noticia del descubrimiento de unos
rayos que atravesaban objetos opacos, y que permitían ver las estructuras
internas del cuerpo humano sin necesidad de abrirlo. En Alemania la transcendencia
del descubrimiento fue tal, que el 13 de enero de 1896, Roentgen fue invitado
por el Kaiser Guillermo II, y pronunció en Berlín una conferencia
sobre su descubrimiento, con una demostración experimental, tras la cual
el Kaiser le expresó su asombro y gratitud y le condecoró.
Pero la conferencia considerada fundamental para la divulgación de los
rayos X fue la pronunciada el 23 de enero de 1896 ante la Sociedad de Física
y Medicina de Würzburg, a la que había presentado su informe previo.
Durante la misma realizó al anatomista Albert von Kölliker una radiografía
de su mano. Como escribe Nicolle: "el cliché fue inmediatamente revelado
y presentado a los asistentes. En este momento, invadido por la emoción,
Kölliker exclamó que en los cuarenta y ocho años que era miembro
de la Sociedad Físico- Médica de Würzburg , esta era la sesión
más extraordinaria a la que le había sido dado asistir, y pidió
que en el futuro los nuevos rayos fueran designados con el nombre de Röntgen".
La noticia del descubrimiento de los rayos X se transmitió rápidamente
a todo el mundo, tanto desde el punto de vista científico como desde el
sensacionalista. En el estado de New Jersey se presentó una proposición
de ley prohibiendo que se aplicaran aparatos de Rayos X a los gemelos de teatro.
Desde el punto de vista opuesto, un comerciante americano puso a la venta ropa
interior femenina opaca a los rayos X. La sensación general ante el nuevo
descubrimiento fue tal, que pronto aparecieron unidades de rayos X de bajo precio,
lo que supuso su utilización descontrolada. Se emplean en zapaterías
para ver si el pie se ajustaba al calzado, en aduanas, en exámenes realizados
por la policía, hasta en barracas de feria, donde constituyeron una extraordinaria
atracción. A los pocos años se observó que las personas que
utilizaron intensa e indiscriminadamente los rayos X comenzaron a presentar enfermedades
y lesiones de difícil curación, sobre todo en la piel.
Pero desde el punto de vista estrictamente científico, la utilización
de los rayos X fue espectacular. Solo durante 1.896 aparecieron más de
mil publicaciones sobre los Rayos X.. En la revista vienesa Neue Freie Presse
de 23 de enero de 1896 aparece el primer anuncio de venta de aparatos de rayos
X.
En España los rayos X se introdujeron rápidamente. El 30 de enero
de 1896 (a solo siete días de la Conferencia de Röntgen en Würzgurg,
el 23 de enero) el Dr. Ricardo Becerro de Bengoa, catedrático de Física
en Madrid, dio en La Ilustración Española y Americana, la primera
referencia del descubrimiento, titulada "La luz del Dr. Röntgen".
Una semana después, el 8 de febrero de 1896, del Dr. Antonio Espina y Capo
publicó en la misma revista un trabajo titulado "La Radiografía
o estudio de los R.X. del Dr. Röntgen". En Madrid y Barcelona se realizan
diversas conferencias, en las que se presentaron y realizaron radiografías,
tanto de diversos objetos como humanas. A pesar de algunas críticas (Letamendi
definió la radioscopia como "el arte de ejecutar sombras chinescas
sin candil") la radiografía se implantó en España, quizá
con más rapidez que en otros países. Estamos en plena Guerra de
Cuba, y son muchos los soldados que precisan localización correcta de los
proyectiles para su extracción quirúrgica, triste razón histórica
que puede justificar la temprana utilización, entre nosotros, de esta extraordinaria
técnica de imagen.
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