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Utilidad de la resonancia magnética en la valoración de las fístulas perianales
  Mónica Campo (a); María Isusi (a); Laura Oleaga (a); Gabriel Fernández (b); Domingo Grande (a); Francisco Tardáguila (b)
(a) Servicio de Radiodiagnóstico. Hospital de Basurto. Bilbao. España.
(b) Servicio de Radiodiagnóstico. Clínica POVISA. Vigo. España.
   
   
 

Objetivo: Confirmar la utilidad de la resonancia magnética (RM) en la evaluación de las fístulas perianales con un correcto estudio de la anatomía regional, permitiendo la planificación quirúrgica, ya que ésta varía según el grado de complejidad de la fístula.

Pacientes y método: Setenta y cinco pacientes con fístulas perianales, realizándose 81 estudios de RM mediante secuencias T1 y T2 axiales, sagitales y coronales.

Se analizó el tipo o grado de fístula, su etiología y correlación con los hallazgos quirúrgicos. Se realizó tratamiento quirúrgico en 55 pacientes y tratamiento conservador en 26.

Resultados: Se demostraron 99 fístulas que se clasificaron según la clasificación del Hospital Universitario St. Jame’s. De los 55 casos intervenidos en 46 existió concordancia entre RM y la cirugía, siendo la sensibilidad de la RM del 84%. En nueva pacientes no hubo correlación.

Conclusiones: En el estudio de las fístulas perianales es importante definir la ruta fistulosa y las relaciones con el complejo esfinteriano.

La RM permite la identificación del complejo esfinteriano y una localización anatómica más precisa del trayecto fistuloso y permite distinguir fibrosis de absceso.

Por tanto la RM es la técnica indicada para el estudio de las fístulas perianales y la planificación quirúrgica.

Palabras clave: Fístulas perianales. Resonancia magnética. Enfermedad de Crohn. Intervención quirúrgica.

   
   
  El objetivo de este estudio era confirmar la utilidad de la resonancia magnética (RM) en el estudio de las fístulas perianales, demostrando la relación anatómica con el complejo del esfínter anal, para permitir una correcta indicación quirúrgica.


MATERIAL Y MÉTODOS
Se estudiaron 75 pacientes con sospecha clínica de fístulas perianales (47 varones y 28 mujeres) con una media de edad de 44 años (rango: 4-81). Se realizaron un total de 81 exploraciones con un equipo de RM de 1 T (Siemens 42 Erlanger Alemania) con bobina de cuerpo y un equipo de 1,5 T (Intera NT-Phillips Medica System, Best, Países Bajos) con antena phase-array de body. Se utilizaron secuencias eco del espín potenciadas en T1 (TR: 600/TE: 15) sin contraste y secuencias eco del espín turbo o fast T2 (TR: 4.000/TE:93). No se emplearon secuencias con supresión de la grasa ni contraste intravenoso. Se emplearon planos axiales, sagitales y coronales con grosor de corte de 5 mm y con matriz 192 × 256.

El diagnóstico de fístula perianal se realizó cuando se apreciaba una imagen lineal en el contexto de un trayecto fistuloso que partía de la región anal y se extendía hasta la piel. Las fístulas perianales se clasificaron según los criterios del Hospital Universitario St. Jame’s (tabla 1), donde se tiene en cuenta su relación con el complejo esfinteriano anal (1). Así, una fístula se consideraba «transesfinteriana» si atravesaba ambas zonas del esfínter (interno y externo) e «interesfinteriana» si sólo lo hacía en el esfínter interno. Se consideraba la existencia de abscesificación cuando se apreciaba un área hiperintensa en T2 o foco hipointenso en el interior de la fístula (1).
   
  Se realizó tratamiento quirúrgico en 55 pacientes y tratamiento conservador en 26. A los 55 pacientes con confirmación quirúrgica se les realizó RM, que encontró fístula en 54 de ellos, en otro caso la RM no objetivó fístula y únicamente se visualizó aire en la vejiga, realizándose cistografía que demostró una fístula rectovesical confirmada posteriormente en la intervención quirúrgica. Un caso en el que se objetivó fístula grado 3 en la intervención quirúrgica se encontró una lesión tumoral (tabla 2).

Las variables analizadas fueron el tipo o grado de la fístula, su etiología y el resultado quirúrgico.
   
 
   
 
   
 
   
 
   
 
   
   
  RESULTADOS
Se encontraron un total de 99 fístulas perianales, cuya clasificación se muestra en la tabla 3, siendo más frecuentes las que no afectaban al esfínter externo o interesfinterianas (59,6%) (fig.1).

A pesar de que la etiología de las fístulas perianales fue diversa, se encontró que un 40% de los pacientes estaban relacionadas con una enfermedad inflamatoria intestinal 28 pacientes con enfermedad de Crohn y dos con colitis ulcerosa) (tabla 4).

En 30 estudios se encontró una fístula, en doce dos y en cuatro tres (fig. 2). En un caso no se objetivó fístula en la RM y únicamente se demostró aire en la vejiga, realizándose cistografía, en la que se observó una fístula rectovesical que se confirmó en la intervención.

De los 55 casos en los que se realizó intervención quirúrgica, se observó una concordancia entre la RM y los hallazgos quirúrgicos en 46 pacientes (84%) (figs. 3 y 4). Mientras que en nueve pacientes no coincidieron los hallazgos entre la RM y la intervención quirúrgica (tabla 5). En dos casos la RM objetivó fístula sin colección, mientras que en la intervención quirúrgica se apreció un absceso de pequeño tamaño, probablemente ésta sea la razón de no apreciarse en la RM. En cuatro casos, la RM infraestimó el grado de fístula realizándose la intervención quirúrgica varios meses después, el tiempo transcurrido puede ser la causa de esta discordancia. En otro caso la RM objetivó aire en la vejiga, sin fístula evidente, se realizó cistografía demostrándose fístula rectovesical que se conformó quirúrgicamente. Por último, la RM no identificó una lesión tumoral que fue clasificada como fístula grado 3. Por tanto, en nuestro estudio tuvimos un falso positivo y un falso negativo y encontramos discordancia entre la RM y la intervención quirúrgica en otros siete casos.
   
 
Fig. 1: Imagen axial potenciada en T2 donde objetivamos una colección líquida con nivel hidroaéreo, con burbuja en su interior interesfinteriana (flecha).
   
 
Fig. 2: A) Imagen axial potenciada en T2 en la que se visualiza el músculo elevador y lateral en él, en el lado izquierdo, una colección en la fosa isquiorrectal (asterisco). B) Imagen coronal en la que se observa que la colección (asterisco) que no se extiende a la región supraesfinterian
   
 
Fig. 3: Imagen axial potenciada en T2 en la que se observa una colección líquida «en herradura» (asterisco).
   
 
Fig. 4: A) Imagen axial potenciada en T2 donde vemos una gran colección líquida que rodea al recto y comunica con la luz rectal con morfología en herradura. B) Imagen coronal potenciada en T2 que muestra la extensión supraesfinteriana (flecha grande) y la comunicación con la luz rectal (flecha pequeña).
   
 

DISCUSIÓN
Una fístula perianal supone por definición un tracto que conecta la piel con un orificio interno entérico (ano o recto). Es importante caracterizar la ruta fistulosa y las relaciones con el complejo esfinteriano ya que las fístulas simples normalmente son de fácil tratamiento, sin embargo las fístulas complejas tienen tendencia a recurrir, especialmente cuando son interpretadas y tratadas como simples. Es importante comentar que la técnica quirúrgica va a ser diferente dependiendo del grado y puede ir desde un simple desbridamiento a técnicas más complejas donde existe riesgo de incontinencia y en ocasiones se requieren colostomías temporales (2). El éxito del tratamiento quirúrgico depende, en gran medida, de la identificación de todos los tractos fistulosos y de la caracterización de las relaciones con el esfínter anal (3). Así, debemos identificar el esfínter interno, que está compuesto de músculo liso, y el esfínter externo, compuesto de músculo estriado, que se continúa superiormente con el músculo puborrectal y el elevador del ano, delimitando las fosas isquioanal e isquiorrectal y los espacios interesfinteriano y supraesfinteriano (1) (dibujo 1 y 2).

Dibujo 1: Esquema anatómico corte coronal


Dibujo 2: Esquema anatómico corte axial.


Hasta hace unos años el estudio de las fístulas se hacía con exploración manual, fistulografía, proctosigmoidoscopia y, posteriormente, mediante tomografía computarizada (TC) y ecografía endoanal.

La exploración manual, que requiere el uso de anestesia, puede crear trayectos fistulosos adicionales, además de no apreciar abscesos remotos (4). La fistulografía es incorrecta hasta en un 84% de las veces, ya que no se puede observar directamente el complejo esfinteriano (1), con un porcentaje de falsos positivos de hasta el 10% (5).

También resulta difícil distinguir entre un absceso alto en la fosa isquiorrectal y uno bajo en el espacio supraelevador. Además, los trayectos secundarios no siempre se rellenan (1); en muchos casos en la ecografía endoanal el esfínter externo presenta problemas para su identificación, además de ser una técnica dependiente del operador (6). A esto se añade que no permite diferenciar una infección de fibrosis y que la falta de penetración en profundidad no identifica ramificaciones secundarias. La TC no diferencia de forma exacta ambos esfínteres, tractos fibrosos y fístulas activas (1), además de utilizar radiaciones ionizantes y no aportar contraste entre tejidos blandos (6).

La RM, por el contrario, permite la identificación del complejo esfinteriano y una localización anatómica más precisa del trayecto fistuloso, permitiendo además distinguir la fibrosis de la formación de un absceso. Las secuencias utilizadas en nuestro estudio han sido axial T1 (sin contraste) y axial, sagital y coronal T2. No se ha usado bobina endoanal. A pesar de que existen estudios en la bibliografía que reflejan una mayor exactitud con esta técnica (4), otros autores describen que no aporta mayor información y es peor tolerada, provocando artefactos de movimiento (2). Tampoco hemos usado contraste porque sin él podemos definir el trayecto fistuloso por su diferente intensidad de señal.

En el presente estudio, y con estos parámetros, se observó una concordancia con la cirugía en 46 de 55 casos, mostrando tan sólo discrepancia en nueve. En dos de los cuáles la RM sólo objetivó fístula sin colección mientras que en la intervención quirúrgica se apreció un absceso, aunque de pequeño tamaño, siendo probablemente ésta la razón por la que no se vio en la RM. En cuatro casos se clasificó por RM como un grado menor que en la intervención. En todos éstos la intervención quirúrgica se realizó varios meses más tarde, por lo que el tiempo transcurrido tal vez permitió la evolución de la fístula. En uno de estos casos el paciente era portador de una enfermedad de Crohn; en estos pacientes la formación y evolución de las fístulas puede cambiar en relación con la actividad de la enfermedad. Por tanto, encontramos un falso positivo, la lesión tumoral etiquetada de fístula grado 3 y un falso negativo, la fístula rectovesical observada en cistografía en la que la RM sólo objetivó aire en vejiga sin trayecto fistuloso.

En resumen, creemos que la RM es la técnica indicada para el estudio de las fístulas perianales pues permite identificar el complejo esfinteriano y, por tanto, clasificar las fístulas con gran exactitud, siendo de gran importancia para planificar la cirugía ya que si se trata de fístula interesfinteriana con o sin absceso la técnica es sencilla y consiste en desbridamiento, mientras que en una fístula tranesfinteriana o supraesfinteriana la intervención quirúrgica resulta más compleja con riesgo de incontinencia e, incluso en ocasiones, puede ser necesario realizar una colostomía temporal de descanso.

La RM ofrece, además, contraste entre los tejidos permitiendo distinguir la fibrosis de los abscesos.

Por último, la RM es una técnica bien tolerada por el paciente con fístula perianal, que puede obviar el uso de la bobina endoanal, molesta para estos pacientes. El uso de una bobina de superficie obtiene una resolución adecuada que permite clasificar correctamente las fístulas en un número muy elevado de pacientes.


BIBLIOGRAFÍA

 
  1. Morris J, Spencer JA, Simon Ambrose N. MR imaging classification of perianal fistulas and its implications for patient management. Radiographics 2000;20:623-35.
  2. Halligan S, Bartram C. MR imaging of fistula in ano: are endoanal coils the gold standard? AJR Am J Roentgenol 171:407-12.
  3. Kruskal J, Kane R, Morrin M. Peroxide-enhanced anal endosonography: technique, image interpretation and clinical applications. Radiographics 2001;21:S173-89.
  4. Spencer JA, Ward J, Beckingham I, Adams C, Simon Ambrose N. Dynamic contrast-enhanced MR imaging of perianal fistulas. AJR Am J Roentgenol 1996;1677:735-41.
  5. Kuijpers HC, Schulpen T. Fistulography for fistula-in-ano: is it useful? Dis Colon Rectum 1985;28:103-4.
  6. Spencer JA. Magnetic Resonance imaging of the pelvis: better techniques
    can help determine management and predict outcome. British
    Medical Journal 2000;320:1419-20.
   
 
 
   
 
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