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A sus noventa y tres años sigue activo como empresario y participa plenamente en el proyecto "Tecnolaser". Su ejemplo demuestra que la ambición emprendedora no tiene edad.
Usted acaba de hacer una inversión fuerte en una empresa médica ¿Es así?
Somos un grupo de socios. Y nos hemos embarcado en esta aventura con la enorme ilusión de hacer realidad el sueño de mi gran amigo, el doctor Jesús Montero, de contar con un centro de alta tecnología médica en La Cartuja.
Pero usted no tiene cuarenta años ¿verdad?
Tengo 93 años. Y en menos de tres meses, si Dios quiere, sumaremos los 94.
Veo, pues, que para usted edad y empresa no son para nada términos opuestos, reñidos
Por supuesto que no.
En su casa no le dicen Miguel, echa el freno, hijo
Creen que el descanso es no hacer nada. Para mi descansar es cambiar de actividad.
Es relevante su ejemplo. Porque parece que la empresa, en estos últimos tiempos, es cosa de jóvenes y de los muy jóvenes
En estos últimos tiempos la juventud piensa más en asegurarse su porvenir que en la aventura empresarial. Y sí, es cierto, cuando se enteran de la edad que tengo se echan las manos a la cabeza.
No es que yo tenga especialmente nada en contra de los jóvenes empresarios, que me parecen espectaculares. Pero sí parece que existen perjuicios contra los empresarios de su edad ¿no?
Así es. Existen perjuicios con la edad de los empresarios. Pero no somos los únicos. Fíjese en la edad de jubilación de muchos profesionales.
En realidad, el mundo occidental está lleno de altos directivos y empresarios notables con edades avanzadas. ¿Por qué cree usted que de un tiempo a esta parte la imagen del empresario se asimila casi a la de un joven deportista?
Lo desconozco. Y quiero creer que se debe a los tremendos escollos que tenemos que sortear cada vez que hay que poner en marcha una apuesta empresarial. Abrir una empresa, a veces es una carrera de obstáculos.
Sinceramente: ¿el empresario tiene edad o la edad la marca su depósito de ambiciones?
Yo me encuentro con muchos jóvenes que por su conservadurismo en la vida y su temor a la toma de decisiones parecen más viejos que yo. La edad no limita la ambición emprendedora.
La inversión que acaba de hacer en la Isla de la Cartuja, concretamente en el antiguo pabellón de la Cruz Roja, ¿será la última o ya anda preparando la próxima?
La inversión en "Tecnolaser" no será la última. Mientras viva mi objetivo será la promoción de las empresas en las que participo.
¿Esas energías empresariales se las reconoce más allá de sus círculos de amistades o cuando uno es empresario el mejor reconocimiento lo da el éxito de los objetivos alcanzados?
El deber cumplido y los objetivos exitosamente alcanzados, sin dudas, aumentan mis energías empresariales.
¿Le convence el maridaje casi indisoluble que se da entre el mundo empresarial y las subvenciones?
No, categóricamente no.
La verdad es que gracias a las subvenciones hemos visto ascender a empresarios locales que pasan por ser los Rockefeller de la nueva situación
Si, mucha gente aspira a enriquecerse a base de subvenciones. Pero no hay que confundir la ayuda de la Administración a la creación de empresas con las subvenciones a fondo perdido. Le diré una cosa: una de nuestras empresas participadas viene sufriendo la competencia de una empresa montada sólo y exclusivamente con fondos públicos.
Hubo un tiempo en que usted tuvo medallas sobre su pecho ¿es así?
Si estuve en el Ejército, pasé por la Academia Militar y tras 30 años de servicio en la Capitanía General de Sevilla me jubilé con la edad reglamentaria como Coronel de Infantería.
¿Echa de menos la vida en el Ejército?
La vida militar me marcó y allí hice muy buenos amigos. Pero llevo treinta años retirado y mis antiguos compañeros, desgraciadamente, no viven. No puedo echar de menos aquella vida.
Si tuviera veinte años ahora qué elegiría primero ¿el Ejército o la empresa?
Estoy plenamente integrado en el ambiente empresarial. He vuelto a lo que quise ser siempre, a mi vocación juvenil: la empresa.
NOMBRES DE UNA HISTORIA
Ha tenido Pérez Jiménez la suerte de que amistades y aventuras empresariales han marchado prácticamente de la mano. Y así, en una u otra sociedad, amigos como Jesús Montero, Felipe Martínez, Juan Ramón Zaragoza o Juan Moya han coincidido en proyectos más o menos comunes. En cualquier caso, uno y cada uno de los citados han compartido sueños y amistad con Pérez Jiménez.
PERFIL: VOLVER A EMPEZAR
La guerra civil le partió por la mitad, como a tantos y tantos españoles que la vivieron y sufrieron, sus ambiciones más juveniles. Siempre quiso ser empresario. Ocurre que nunca pensó que pudiera serlo tan tarde y después de que el Ejército se le cruzara en su camino.
Guarda de la guerra y de su actividad militar recuerdos como para escribir un libro y secretos que le pondrían los dientes largos a Le Carré. Pero es fiel a sus principios (tan escasos hoy donde solo se piensa en los finales) y sobre lo más sabroso de su experiencia invita al silencio, corriendo un decoroso velo para que lo confidencial siga siéndolo y el secreto no se desnude a voces.
En una de las muchas vueltas que da la vida, tras cerrar su compromiso militar, volvió a encontrarse de cara con los sueños del pasado y aprovechó la ocasión para volver a empezar y hacerse empresario. Desde entonces hasta hoy, con noventa y tres años plenos y activos, no ha dejado de hacer realidad su sueño de siempre: crear riqueza, puestos de trabajo y ayudar a progresar a su comunidad.
En otro tipo de sociedad, Miguel Pérez Jiménez, estaría en el cuadro de honor de sus hijos más selectos; en Sevilla, tan suya y desmemoriada, el propio interesado deja que sea el éxito de sus objetivos cumplidos los que hablen de sus armas emprendedoras. No es joven. Pero, joder, ni falta que le hace...
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