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La neuroprotección parece ser el camino más recto hacia el tratamiento de la enfermedad de Parkinson, según ha explicado a DM el investigador José López Barneo, que ha presentado en Madrid, dentro del II Seminario de Biomedicina celebrado en la Fundación Jiménez Díaz, los resultados y nuevos proyectos del equipo que dirige en Sevilla.
Fuente: Diario Médico
El equipo de José López Barneo, director del Instituto de Investigaciones Biomédicas de la Universidad de Sevilla, lleva trabajando cerca de veinte años en el estudio de la fisiología del cuerpo carotídeo.
El trasplante de tejido de cuerpo carotídeo, situado junto a las arterias carótidas del cuello y rico en células que proporcionan dopamina, en el cerebro ha sido una de sus últimas contribuciones al abordaje del parkinsonismo. Los análisis en modelo experimental, rata y monos, que comenzaron hace unos ocho años, han sido exitosos.
Más tarde se han llevado a cabo dos estudios piloto, uno con seis pacientes y otro con ocho, con datos también alentadores, confirmados por PET y con la colaboración del Hospital de Hammersmith, en Londres.
¿Cuál es la situación actual de las investigaciones con trasplante de cuerpo carotídeo?
Los resultados de los estudios de transferencia a la clínica son que el trasplante de cuerpo carotídeo produce efectos beneficiosos en los pacientes con parkinsonismo avanzado, aunque bien es verdad que la mejora no es tan espectacular como la que se produjo en los animales. Estos datos, que se publicarán en el próximo número del Journal of Neurology and Neurosurgery, también han dado lugar a otra conclusión: existe una gran variabilidad entre pacientes; hay unos que pueden disminuir la terapia con L-dopa y su mejora clínica es de un 30-40 por ciento; un segundo grupo tiene una mejoría de moderada a leve y, por último, hay un grupo que no mejora prácticamente nada.
¿Qué conclusiones pueden extraerse de estos datos?
La idea originaria de este tipo de terapia era depositar dopamina, la molécula que falta en el cerebro de los parkinsonianos, para que la liberasen las células del cuerpo carotídeo que son muy dopaminérgicas. Sin embargo, pronto nos dimos cuenta de que el efecto no es el de reemplazo de la dopamina sino el de neuroprotección.
El cuerpo carotídeo libera sustancias neurotróficas o neuroprotectoras que protegen a la vía nigroestriatal afectada en el Parkinson del proceso de muerte y deterioro progresivo neuronal.
¿El trasplante de cuerpo carotídeo es entonces una terapia protectora más que regeneradora?
Sí, porque estimula la autorregeneración y provoca que las células nerviosas produzcan más neuritas.
¿Por qué la protección no alcanza a todos los pacientes? ¿Por qué hay diferencias en la respuesta?
Esa es la cuestión en la que debemos profundizar. Nuestros estudios han confirmado que los enfermos jóvenes y con Parkinson menos grave son los que mejor responden. Por eso, necesitamos pacientes con vía nigroestriatal no muy destruida (parkinsonismo no en estadios iniciales, pero sí menos avanzado del que habíamos estudiado previamente) y obtener mayor cantidad de tejido.
¿Qué estrategias pueden ser útiles para obtener más tejido carotídeo?
Este es el objetivo de un programa que iniciamos hace dos años.
Trabajamos sobre dos procedencias: células madre embrionarias humanas, proyecto que avanza muy lentamente, y otro que se basa en concretar si el cuerpo carotídeo posee células madre que puedan expandirse in vitro antes del trasplante.
¿Existen células madre en el cuerpo carotídeo?
Hay una respuesta clásica muy bien conocida en los mamíferos superiores, incluido el hombre, que cuando se encuentra en una altura superior a los 1.500-2.000 metros se produce una hipertrofia del cuerpo carotídeo. En hipoxia, las células de esta estructura aumentan de forma compensadora para producir más oxígeno. Si este tejido es capaz de crecer en el adulto es probable que se deba a que mantenga una población de progenitores celulares o células madre adultas o somáticas que permiten este cambio fisiológico.
En este último año, el equipo del Instituto de Investigaciones Biomédicas ha llevado a cabo un trabajo en el que se demuestra la existencia de células en cuerpo carotídeo, de gran potencialidad y que permiten que este tejido crezca. Este hallazgo abre una interesante vía para mejorar la actual terapia.
¿Qué beneficios aportaría para el Parkinson la existencia de células madre en cuerpo carotídeo?
El primero, que podríamos multiplicar las células in vitro.
En Parkinson, el esfuerzo es aplicar en el cerebro células que produzcan dopamina. La gran pregunta, que ha dado lugar a múltiples y variados ensayos internacionales, ha sido siempre cuáles son las mejores. Nuestro laboratorio comenzó con las del cuerpo carotídeo por su elevado contenido en dopamina. Además, al ser un tejido bilateral permite el autotrasplante, lo que evita el problema del rechazo y la utilización de células fetales, por ejemplo.
La ventaja del uso de células madre de cuerpo carotídeo es que reproducen in vitro un cuerpo carotídeo con cuarenta veces más células y con las mismas propiedades de producción de dopamina y de factores neurotróficos. Esa combinación de propiedades mejorará la terapia que hemos empleado hasta entonces. Ahora estamos finalizando la caracterización de esas células madre adultas e iniciando ensayos preclínicos con el fin de, una vez cultivadas, trasplantarlas primero en modelo de rata para pasar después a monos y posteriormente a pacientes.
Dentro de la terapia celular, ¿dónde están puestas las mayores esperanzas?
Sobre todo en células madre adultas, más diferenciadas, que produzcan factores neurotróficos para el cerebro. Hay dos grupos en el mundo que trabajan en este sentido: células madre de cuerpo carotídeo y células procedentes del epitelio pigmentario de la retina, procedentes de fetos, donde también existen células que producen gran cantidad de factores neurotróficos. Éstas se recubren de una gelatina para evitar el rechazo inmunológico. Los primeros datos son alentadores.
¿Qué líneas protagonizará la investigación en Parkinson en los próximos años?
Además de los adelantos en fármacos, sin duda la de la neuroprotección, con o sin terapia celular, para evitar que el cerebro no envejezca.
La neurodegeneración es uno de los problemas sanitarios más graves en las sociedades desarrolladas. Pero, además, no hay que olvidar la prevención, para lo que es vital descifrar la etiopatogenia de todos los parkinsonismos, ya que actualmente el 95 por ciento de los procesos son esporádicos. Por último, el gran reto es la manipulación con terapia génica.
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