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La combinación de la
resonancia magnética convencional con técnicas
de imagen de alto contraste en la visualización
de patología trombótica en el cerebro
es más eficaz para localizar el origen de los
coágulos. Expertos de la Universidad de Cincinnati
han explicado los mecanismos causales de un modo más
concreto. Afirman que la combinación de técnicas
mejorará el tratamiento de los síntomas,
como la cefalea crónica, al facilitar su comprensión.
Fuente: Diario Médico
Una
aproximación a la imagen cerebral que combine
la resonancia magnética convencional con otras
técnicas específicas de contraste llevaría
a un diagnóstico más eficaz en pacientes
con coágulos difíciles de detectar en
la circulación cerebral. Así lo han
estudiado James Leach y equipo, de la Universidad
de Cincinnati, según publica el último
número de American Journal of Neuroradiology.
"La evaluación de los pacientes tras
combinar ambas técnicas puede ayudarnos a comprender
mejor el proceso patogénico en los casos de
trombosis crónica cerebral", ha dicho
Leach, principal investigador del estudio.
A su juicio, las técnicas especializadas,
como la arteriografía de alto contraste, proporcionan
una imagen de mayor definición de las áreas
de flujo anómalo difíciles de detectar
localizadas en los vasos cerebrales. Dichas áreas
serían signos de alerta sobre la presencia
de zonas con obstrucción al flujo sanguíneo
que requieren intervención médica. Zonas
en las cuales se haya restablecido el flujo tras obstrucción
del vaso también podrán ser visualizadas.
El equipo ha utilizado la combinación de técnicas
en un pequeño grupo de pacientes que presentaban
signos, tanto radiológicos como clínicos,
de lo que se conoce como trombosis dural crónica
parcialmente recanalizada. Han observado que, cuando
un vaso permanece obstruido, el coágulo se
organiza, dando lugar a una lesión más
sólida, con tejido conectivo circundante y
neovascularización periférica. "Estos
procesos son muy difíciles de observar aplicando
únicamente las técnicas tradicionales",
según los autores. Dichas estructuras constituyen
un aumento del riesgo de infarto y producen cefaleas
crónicas. Aunque los mecanismos no estén
totalmente claros, visualizar las imágenes
ayuda a explicar y tratar los síntomas de modo
más concreto y eficaz.
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