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Un nuevo sistema de evaluación
permite detectar a los pacientes más graves.
Fuente: El Mundo
El
empleo de la resonancia magnética como la mejor
forma de diagnóstico de una trombosis cerebral
o aplicar el tratamiento en una unidad especializada
son algunas de las conclusiones de cuatro trabajos
publicados en el último número de la
revista 'The Lancet' que informan de las últimas
novedades en el manejo de estos pacientes.
La trombosis cerebral, también llamada ictus
o accidente cerebrovascular, es una enfermedad frecuente
en los países desarrollados, y una de las principales
causas de discapacidad en nuestro medio.
Hasta hace poco los métodos de diagnóstico
y las medidas terapéuticas eran escasos y,
en general, no muy eficaces. Sin embargo, en los últimos
años se han ido desarrollando diferentes estrategias
en el manejo de estos pacientes que han ido abriendo
una puerta a la esperanza.
Tras la incorporación de los escáneres
cerebrales (TAC) al diagnóstico del ictus,
el siguiente paso de gigante podría ser la
demostración de que la resonancia magnética
está en condiciones de mejorar mucho el abordaje
inicial de los pacientes.
El doctor Julio Chalela y colaboradores, de los hospitales
de Washington, Boston (EEUU) y de la Universidad de
Canadá, han demostrado que la resonancia aporta
mucha más información que la TAC en
la sala de urgencias. Esta técnica puede detectar
mejor los ictus de origen isquémico y ver si
los pacientes tienen hemorragias crónicas o
agudas, lo que contraindicaría el tratamiento
fibrinolítico.
En el estudio, realizado a 356 pacientes en los que
se sospechó un ictus, demostró que mientras
la resonancia era capaz de hacer un diagnóstico
adecuado en el 89% de los casos, el escáner
sólo acertaba en poco más de la mitad
(54%). Cuando la prueba se realizaba muy precozmente,
esto es en las tres primeras horas del inicio del
cuadro, con el fin de poder determinar si el paciente
podía ser tratado con fibrinolisis o no, la
resonancia detectaba ictus isquémicos con certeza
en el 46% de los casos, y el escáner sólo
en el 7%.
La única explicación por la que no
existen resonancias magnéticas disponibles
en los servicios de urgencias es un problema económico.
Los editorialistas del artículo llaman la atención
sobre el retraso que hubo en Reino Unido para incorporar
los escáneres como pruebas urgentes, y las
consecuencias negativas que eso tuvo. Por ese motivo,
consideran que se deberían hacer estudios de
rentabilidad, para así justificar la introducción
de esta prueba de forma rutinaria.
Hablando de tratamiento
Una vez se logre diagnosticar pronto y bien a los
pacientes habrá que ofrecer al mayor número
posible de ellos un tratamiento eficaz. Realizar una
fibrinolisis en los pacientes con ictus isquémico,
es decir, darles un medicamento que rompa el trombo
para que la sangre pueda volver a fluir por los vasos
sanguíneos atascados, es un abordaje eficaz,
pero no exento de riesgos. Algunos enfermos hacen
un sangrado cerebral importante que empeora su situación,
e incluso puede condicionar su muerte.
Hasta ahora se habían realizado algunos ensayos
clínicos con resultados prometedores, pero
existían dudas de si en la vida real el tratamiento
iba a funcionar tan bien. Los pacientes que se tratan
en un ensayo pueden tener una evolución 'excesivamente'
buena puesto que se vigilan estrechamente, y se seleccionan
de forma muy cuidadosa. Por ello algunas veces cuando
se usan tratamientos fuera del contexto de una investigación
los resultados son peores.
Para comprobarlo, un grupo de investigadores europeos,
entre los que se encuentra el profesor A. Dávalos
del Hospital Germans Trias y Pujol de Barcelona, ha
evaluado la eficacia de la trombolisis en 6.483 pacientes
que sufrieron un ictus isquémico y que recibieron
dicho tratamiento fuera de un ensayo clínico.
Se intentaba evaluar el riesgo de presentar una hemorragia
intracerebral como complicación del tratamiento,
de fallecer o de que su evolución neurológica
a los tres meses. La Agencia Europea del Medicamento
había sugerido la necesidad de registrar los
casos de pacientes que reciban fibrinolisis para comprobar
si la mejoría del pronóstico determinada
en los ensayos se confirmaba en la 'vida real'.
Un 1,7% de los pacientes tratados sufrieron una hemorragia
cerebral, menos que lo que se había comunicado
en los ensayos clínicos, que alcanzaba un 7,3%.
La tasa de mortalidad fue del 11,3% a los tres meses,
frente al 17,3% observada en los estudios. Incluso
en los centros en los que no se tenía mucha
experiencia en el uso de este fármaco los resultados
fueron buenos.
Los autores consideran que los datos justifican la
aprobación del uso del medicamento en Europa,
y creen que se cumplen los requisitos solicitados
por la Agencia Europea del Medicamento para extender
el uso de dicho tratamiento.
Riesgo de trombosis
Un accidente isquémico transitorio (AIT) es
un episodio de deterioro neurológico de unas
horas de evolución con recuperación
posterior completa del paciente. Se sabe que algunos
de los pacientes con estos cuadros desarrollan posteriormente
un ictus. Identificar quienes son los que tienen más
riesgo ofrece la ventaja de un manejo más adecuado.
Los pacientes de alto riesgo pueden necesitar ingreso
hospitalario, o ser remitidos de forma urgente a un
servicio de neurología para que reciban tratamiento
preventivo y se les realicen las pruebas pertinentes
lo antes posible.
El doctor Claiborne, de la Universidad de San Francisco,
junto con neurólogos de Oxford y Oakland han
evaluado las reglas de estratificación de riesgo
que existían hasta ahora, y han llegado a la
conclusión que se deben valorar los siguientes
factores: la edad superior a 60 años (un punto),
la tensión arterial por encima de 140/90 (un
punto), si ha tenido pérdida de fuerza unilateral
(dos puntos), si ha tenido dificultad en el lenguaje
de más de una hora (dos puntos), o de 10 minutos
a una hora (un punto), y si tiene diabetes (un punto).
Los individuos que obtengan una puntuación
entre cuatro y cinco tienen un riesgo moderado de
tener una trombosis en los siguientes días
y los que superen el cinco, un riesgo alto. "Aquellos
pacientes que puntúan por encima de cinco deberán
ser valorados inmediatamente para tomar todas las
medidas posibles para evitar que tengan la trombosis
cerebral", comentan los autores del estudio.
Unidades de ictus
Por último, un estudio realizado en Italia
pretende confirmar que otra estrategia para mejorar
el pronóstico de los enfermos con esta patología
es ingresarlos en unidades de ictus. En estos departamentos
existe personal entrenado específicamente para
el manejo de esta enfermedad lo que puede ayudar a
que la mortalidad sea menor, y la recuperación
se produzca antes o el estado de forma sea mejor.
En el trabajo se analizaron todos lo hospitales italianos
en los que se dieran al menos 50 altas al año
con pacientes con ictus. Se valoró la mortalidad
de los pacientes con trombosis cerebral en función
de si el centro tenía o no unidad de ictus.
Estar ingresado en una unidad específica reduce
en un 19% las posibilidades de fallecer, independientemente
de la edad del paciente y sus otras enfermedades,
excepto en los pacientes en coma en los que las unidades
específicas no reducen la mortalidad.
"Recomendamos ingresar a los enfermos en unidades
de ictus en las primeras 48 horas tras el episodio
pues de esta forma se mejorará su pronóstico",
comenta la doctora Libia Candelise, autora del estudio
e integrante del Departamento de Neurología
de la Universidad de Milán.
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