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Una tomografía por emisión
de positrones (PET) de cuerpo entero realizada tres
meses después de completar la terapia para
cáncer de cérvix puede garantizar que
las pacientes estén libres de enfermedad o
advertir de que necesitan más intervenciones.
Fuente: DMedicina.com
Esta
conclusión se extrae de un estudio realizado
por la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington
en San Luis, que se publica hoy en The Journal of
the American Medical Association.
Según Julie K. Schwarz, autora de la investigación
y residente del Departamento de Oncología Radioterápica
del Hospital Barnes-Jewish, de San Luis, "sin
una prueba como la PET sería complicado saber
si la terapia ha eliminado la neoplasia de cérvix,
porque los tumores pequeños son difíciles
de detectar mediante exámenes pélvicos,
y síntomas como piernas hinchadas no se manifiestan
hasta alcanzar un gran tamaño. Además,
imágenes como las de la tomografía computarizada
y de la resonancia magnética n0rmalmente no
diferencian los tejidos tumorales de los que les rodean".
Actividad de los genes
Por otro lado, Schwarz y su equipo están desarrollando
un proyecto para comparar los resultados del seguimiento
realizado con PET con la biología tumoral con
el fin de hallar por qué los tumores no responden
bien al tratamiento. En un estudio que obtuvo el Premio
de Investigación Básica de Residentes
Clínicos de la Sociedad Americana de Oncología
Radioterápica, Schwarz encontró diferencias
entre la actividad genética de los tumores
de pacientes que respondían a la terapia y
aquéllos en los que la enfermedad persistía.
La investigación que dirige ahora trata de
descubrir el significado de tales diferencias.
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