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La resonancia magnética
(RM) podría convertirse en un nuevo marcador
en el diagnóstico de la esquizofrenia. Las
investigaciones recientes desvelan un enorme potencial
en la detección de la enfermedad, así
como en el pronóstico y en la predicción
de respuesta al tratamiento.
Fuente: Diario Médico
El
VIII Congreso Multimodalidad de Resonancia Magnética,
organizado por la Asociación para el Desarrollo
y la Investigación en RM (Adirm), se ha centrado
este año en el abordaje multidisciplinar de
la esquizofrenia. La resonancia magnética (RM)
ha rebelado su enorme potencial en el diagnóstico
de la enfermedad, en la estratificación de
su pronóstico y en la posible evaluación
de la respuesta al tratamiento.
Adirm ha elaborado herramientas de análisis
basadas en la RM, con las que se puede visualizar
la densidad del parénquima cerebral, muy relacionada
con las atrofias focales; también analiza la
respuesta funcional del cerebro a paradigmas específicamente
diseñados, así como la respuesta emocional
a estímulos auditivos.
Con esos parámetros, según ha dicho
Luis Martí-Bonmatí, presidente de Adirm
y vicepresidente de la Sociedad Española de
Radiología Médica (Seram), "aprendimos
que existen diferencias entre los pacientes y la población
general respecto a densidades neuronales y respuestas
a la emoción".
El siguiente paso fue analizar si era factible filtrar
estos resultados para ser más específicos
en el marcador de la enfermedad, seleccionando sólo
aquellas áreas donde coexisten las alteraciones
funcionales y las morfológicas.
Con ello, "demostramos que los pacientes con
esquizofrenia tienen zonas concretas con las dos anomalías
a la vez, relacionadas intensamente con el sistema
límbico de la emoción y con el cortical
temporal superior".
Martí-Bonmatí ha destacado que estos
"mapas de coincidencia nacen como una técnica
híbrida, similar a la que fusiona medicina
nuclear con radiología, en la que tenemos una
información funcional de respuesta hemodinámica
y otra morfológica de pérdida de volumen".
Genética
Otra de las líneas de investigación
de Adirm, junto a los psiquiatras y genetistas de
la Universidad de Valencia, es comprobar si existe
una vulnerabilidad genética a padecer estas
anomalías. Muestreando con programas estadísticos
si el daño morfológico se relaciona
con alteraciones en alelos de genes específicos,
como el gen transportador de la serotonina y el FOX-P2,
"demostramos que tanto en los sujetos sanos como
en los esquizofrénicos, según su carga
genética, esas regiones van a estar más
afectadas".
Lo que diferencia a ambos grupos, incluso si comparten
el mismo perfil genético, "es que la lesión
resulta más evidente en el paciente con esquizofrenia".
Martí-Bonmatí, jefe del Servicio de
Radiodiagnóstico del Hospital Quirón,
de Valencia, ha destacado que "no estamos viendo
resultados aleatorios, sino consistentes, de la implicación
de la genética en la expresión de la
enfermedad".
Se está analizando si las "áreas
en las que coincide la alteración morfológica
y la funcional también tienen una relación
positiva con la carga genética".
Si esto fuera así, "sería uno de
los primeros trabajos que relacione de forma fehaciente
estas tres expresiones en un mismo sujeto, estableciendo
un claro nexo entre morfología, función
y genética".
Para validar estos datos, emplearán una RM
de 3 teslas, en vez de la de 1,5 utilizada en la fase
preliminar. Este cambio "puede que muestre la
diferenciación de datos que antes no eran estadísticamente
significativos, aparte de comprobar si los resultados
de coincidencia se pueden replicar y son independientes
de la intensidad del campo". También tienen
previsto ampliar la población analizada, duplicando
o triplicando la muestra inicial de unos 100 sujetos.
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